LA IGLESIA PRIMITIVA: LIBROS
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El Pastor Hermas

El Pastor Hermas

Visión Primera

[1] I. El amo que me crió me vendió a una tal Roda en Roma. Al cabo de muchos años la encontré de nuevo, y empecé a amarla como a una hermana. Después de cierto tiempo la vi bañándose en el río Tíber; y le di la mano, y la saqué del río. Y, al ver su hermosura, razoné en mi corazón, diciendo: «Cuán feliz sería si tuviera una esposa así, en hermosura y en carácter.» Y reflexioné meramente sobre esto, y nada más. Después de cierto tiempo, cuando estaba dirigiéndome a Cumas, y glorificando las criaturas de Dios por su grandeza y esplendor y poder, mientras andaba me quedé dormido.

Y el Espíritu cayó sobre mí y se me llevó por un terreno sin caminos, por el cual no podía pasar nadie: porque el lugar era muy abrupto, y quebrado por hendiduras a causa de las aguas. Así pues, cuando hube cruzado el río, llegué a un país llano, y me arrodillé, y empecé a orar al Señor y a confesar mis pecados. Entonces, mientras oraba, se abrió el cielo vi a la señora, a quien había deseado, saludándome desde el cielo, diciendo: «Buenos días, Hermas». Y, mirándola, le dije: «Señora, ¿qué haces aquí?» Entonces ella me contestó: «Se me ha traído aquí para que te redarguyera de tus pecados delante del Señor. » Le dije: «¿Es acerca de ti que me acusas?» «No», dijo ella, «pero oye estas palabras que te diré. Dios, que reside en los cielos, y creó de la nada las cosas que son, y aun las aumentó y multiplicó por amor a su santa Iglesia, está enojado contigo, porque pecaste contra mí.» Yo le contesté y dije: «¿Pequé contra ti? ¿En qué forma? ¿Te dije alguna vez alguna palabra inconveniente? ¿No te consideré siempre como si fueras una diosa? ¿No te respeté siempre como una hermana? ¿Cómo pudiste acusarme falsamente, señora, de tal villanía e impureza?» Riendo, ella me dijo: «El deseo hacia el mal entró en tu corazón. Es más, ¿no crees que es un acto malo para un justo si el mal deseo entra en su corazón? Es verdaderamente un pecado, y un pecado grande», dijo ella; «porque el justo tiene sólo propósitos justos. En tanto que sus propósitos son rectos, pues, su reputación se mantiene firme en el cielo, y halla al Señor fácilmente propicio en todo lo que hace. Pero los que albergan malos propósitos en sus corazones, se acarrean la muerte y la cautividad, especialmente los que reclaman para sí mismos este mundo presente, y se jactan de sus riquezas, y no se adhieren a las cosas buenas que han de venir. Sus almas lo lamentarán, siendo así que no tienen esperanza, sino que se han abandonado a sí mismos y su vida. Pero ora a Dios, y Él sanará tus pecados, y los de toda tu casa, y de todos los santos.»

[2] II. Tan pronto como hubo dicho estas palabras se cerraron los cielos; y yo fui presa de horror y de pena. Entonces dije dentro de mí: «Si este pecado es consignado contra mí, ¿cómo puedo ser salvo? ¿O cómo voy a propiciar a Dios por mis pecados que son patentes y burdos? ¿O con qué palabras voy a rogar al Señor que me sea propicio?» En tanto que consideraba y ponderaba estas cosas en mi corazón, vi delante de mí una gran silla blanca de lana como la nieve; y allí vino una señora anciana en vestido resplandeciente, con un libro en las manos, y se sentó sola, y me saludó: «Buenos días, Hermas.» Entonces yo, apenado y llorando, dije: «Buenos días, señora.» Y ella me dijo: «¿Por qué estás tan abatido, Hermas, tú que eres paciente y bien templado, y siempre estás sonriendo? ¿Por qué estás tan caído en tu mirada y distante de la alegría?» Y le dije: «A causa de una de las palabras de una dama excelente contra la cual he pecado.» Entonces ella dijo: «¡En modo alguno sea así en un siervo de Dios! Sin embargo, el pensamiento entró en tu corazón respecto a ella. En los siervos de Dios una intención así acarrea pecado. Porque es un propósito malo e insano, en un espíritu devoto que ya ha sido aprobado, el desear algo malo, y especialmente si es Hermas el templado, que se abstiene de todo mal deseo y está lleno de toda simplicidad y de gran inocencia.

[3] III. »Con todo, no es por esto que Dios está enojado contigo, sino con miras a que puedas convenir a tu familia, que ha obrado mal contra el Señor y contra vosotros sus padres. Pero por apego a tus hijos tú no les amonestaste, sino que toleraste que se corrompieran de un modo espantoso. Por tanto, el Señor está enojado contigo. Pero Él quiere curar todos tus pecados pasados, que han sido cometidos en tu familia, porque a causa de sus pecados e iniquidades tú has sido corrompido por las cosas de este mundo. Pera la gran misericordia del Señor tuvo piedad de ti y de tu familia, y te corroborará, y te afianzará en su gloria. Sólo que no seas descuidado, sino que cobres ánimo y robustezcas a tu familia. Porque como el herrero trabajando a martillazos triunfa en la tarea que quiere, así también el recto discurso repetido diariamente vence todo mal. No dejes, pues, de reprender a tus hijos; porque sé que si se arrepienten de todo corazón, serán inscritos en los libros de vida con los santos.» Después que hubieron cesado estas palabras suyas, me dijo: «¿Quieres escucharme mientras leo?» Entonces le dije: «Sí, señora.» Ella me dijo: «Está atento, y escucha las glorias de Dios.» Yo escuché con atención y con asombro lo que no tuve poder de recordar; porque todas las palabras eran terribles, que ningún hombre puede resistir. Sin embargo, recordé las últimas palabras, porque eran apropiadas para nosotros y suaves. «He aquí, el Dios de los ejércitos, que con su poder grande e invisible y con su gran sabiduría creó el mundo, y con su glorioso propósito revistió su creación de hermosura, y con su palabra estableció los cielos, y fundó la tierra sobre las aguas, y con su propia sabiduría y providencia formó su santa Iglesia, a la cual Él también bendijo; he aquí, quita los cielos y los montes y las colinas y los mares, y todas las cosas serán allanadas para sus elegidos, para que Él pueda cumplirles la promesa que había hecho con gran gloria y regocijo, siempre y cuando ellos guarden las ordenanzas de Dios, que han recibido con gran fe.»

[4] IV. Cuando hubo terminado de leer y se levantó de su silla, se acercaron cuatro jóvenes, y se llevaron la silla, y partieron hacia Oriente. Entonces ella me dijo que me acercara y me tocó el pecho, y me dijo: «¿Te gustó lo que te leí?» Y yo le dije: «Señora, estas últimas palabras me agradaron, pero las primeras eran difíciles y duras.» Entonces ella me habló y me dijo: «Estas últimas palabras son para los justos, pero las primeras eran para los paganos y rebeldes.» En tanto que ella me estaba hablando, aparecieron dos hombres y se la llevaron, tomándola por los brazos, y partieron hacia el punto adonde había ido la silla, hacia Oriente. Y ella sonrió al partir y, mientras se marchaba, me dijo: «Pónate como un hombre, Hermas.»

Pastor Hermas

Hijas de Sara

Hijas de Sara
…como Sara obedecía a Abraham, llamándole señor; de la cual vosotras habéis venido a ser hijas, si hacéis el bien,sin temer ninguna amenaza. 1 Pedro 3.6.

Dedicatoria

Este libro está dedicado a todas las “hijas de Sara” quienes desde sus corazones desean caminar en obediencia a Dios y a su Palabra.

Introducción

…y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.

Juan 8.32

“¡Poco realista! ¡Dramático!, ustedes podrían decir, ¡Usted no conoce lo que vivo!; ¡De verdad! ¡Yo no sé! Pero sé lo que la Palabra de Dios dice y le creo a cada palabra. He escrito este libro con el propósito en mente de mostrarles cómo aplicar la verdad de Dios a su situación para lograr un cambio positivo en su vida.

“¡Poco realista! ¡Dramático!, ustedes podrían decir, ¡Usted no conoce lo que vivo!; ¡De verdad! ¡Yo no sé! Pero sé lo que la Palabra de Dios dice y le creo a cada palabra. He escrito este libro con el propósito en mente de mostrarles cómo aplicar la verdad de Dios a su situación para lograr un cambio positivo en su vida.

Cada esposa y madre cristiana tiene el potencial dentro de sí misma para hacer de su hogar un lugar de paz y tranquilidad.

“¡Poco realista! ¡Dramático!, ustedes podrían decir, ¡Usted no conoce lo que vivo!; ¡De verdad! ¡Yo no sé! Pero sé lo que la Palabra de Dios dice y le creo a cada palabra. He escrito este libro con el propósito en mente de mostrarles cómo aplicar la verdad de Dios a su situación para lograr un cambio positivo en su vida.

“Durante los últimos seis años, he estado realizando talleres donde he estado enseñando el rol de la mujer de acuerdo a las Escrituras. Los resultados han sido asombrosos para aquellas quienes han verdaderamente escuchado y oído. ¡La verdad les ha hecho libres! ¡Vidas han sido cambiadas! ¡Hogares restaurados!

Lo que se necesita es la voluntad para rendirse a Dios, la voluntad para aprender su Palabra y la voluntad para obedecer a lo que tú aprendiste, no importando cuál sea el costo para ti misma.

De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.

Juan 12.24

Estados Unidos de América se encuentra en un grande problema, y la raíz del mismo, es la ruptura del hogar. Todos los expertos están de acuerdo en esto. Si tuviéramos alguna oportunidad de regresar las cosas a su lugar, esto tendría que comenzar en la raíz del problema, en los corazones de aquéllos que están en casa.

La noticia emocionante que me gustaría compartir con tantas mujeres como sea posible es: Ustedes pueden influir en el cambio. Entre el Espíritu Santo y ustedes el cambió vendrá. Ustedes no necesitan la cooperación de nadie más. La cooperación es estupenda si ustedes la tienen, pero pueden actuar sin ella. No importa cuál sea su situación, Dios ha establecido su principio en su Palabra para que lo sigan y puedan ser bendecidas por medio de él.

Este libro contiene muchos testimonios de situaciones aparentemente imposibles que tuvieron un giro, un giro completo, por medio de la obediencia a la Palabra de Dios. Todas las personas involucradas están tan emocionadas como yo al hacer que otros conozcan y lleven el beneficio de ver cómo Dios obró en sus vidas, cómo les bendijo a ellas y a sus familias. Agradezco a sus esposos quienes estuvieron de acuerdo al permitir que estos testimonios fueran incluidos en este libro.

Este libro contiene muchos testimonios de situaciones aparentemente imposibles que tuvieron un giro, un giro completo, por medio de la obediencia a la Palabra de Dios. Todas las personas involucradas están tan emocionadas como yo al hacer que otros conozcan y lleven el beneficio de ver cómo Dios obró en sus vidas, cómo les bendijo a ellas y a sus familias. Agradezco a sus esposos quienes estuvieron de acuerdo al permitir que estos testimonios fueran incluidos en este libro.

Por Genevieve M. White